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La huerta grande

“Activismo de dolor y la celebración” Santiago Elordi

11 febrero, 2019

El dolor humano, en sus distintas expresiones, ha sido y será un tema ineludible en la literatura, fecundo, recurrente. Nos enfermamos, se burlan de nuestros defectos, nos gobiernan los tiranos, y nos vamos a morir.

Ponerse en el pellejo del que sufre, es la empatía sin la que ningún artista puede proyectar ninguna imaginación. Ninguna historia conmueve sin relación con el dolor humano.

Pero hay expresiones del dolor humano que pueden volverse falsas, oportunistas y hasta despiadadas. Aparecen normalmente cuando escritores y escritoras utilizan el dolor como su bandera creativa casi exclusiva.

La sobreexplotación del dolor humano aparece en escrituras intimistas, confesionales, donde los propios autores se ponen como centro del sufrimiento. Pero tal vez se da con más fuerza en el tipo de literatura de denuncia social, colectiva.

En estas escrituras el dolor toma distintos aspectos, tiene distintos fundamentos, y también errores que evidencian sus fundamentos.

La literatura social que pone del dolor al centro de su creación puede ser como un perro mordiéndose la cola. Habitar en una conciencia de dolor permanente es un condicionamiento. Precisamente porque la vida es sufriente, la denuncia constante del sufrimiento social incluso puede potenciarlo.

Reviso una corriente literaria, la que indaga en la memoria sufriente de una comunidad con el fin de purgarla. Opción legítima mientras no se transforme en una regla o dogma moral. Además, como todo viaje al pasado tiene un componente de ilusión, en la medida que ese pasado traumático que se intenta purgar, ya no existe. Los viajes en el tiempo son inciertos e impredecibles. Asalta la paradoja del abuelo. El viajero hacia el pasado que mata a su abuelo antes de que puedan concebir a su padre. Esto implica que el viajero temporal nunca ha nacido y por lo tanto no pudo haber viajado en el tiempo. Viajar al pasado es tan impredecible como viajar hacia el futuro nos recuerda el Hombre gris de Wells, o ese cuento de Asimov donde un viajero entra en un bucle temporal y se ve condenado a repetir indefinidamente sus actos.

Los escritores y escritores del dolor social normalmente adoptan una posición fiel a su condición, ya sea cultural, de clase o de género. Tomando posición, las causas que generan el dolor casi siempre provienen de sectores que combate. De este modo, nunca se pregunta hasta qué punto genera ese combate esa violencia con sus visiones maniqueas.

El escritor que sobreexplota el dolor social no puede transformarse, indagar en otras voces, ser otras voces, fuera de la condición y posición que representa y defiende. Por eso su falta de humor, otra de sus características. El humor literario requiere de una observación profunda sobre los móviles del dolor humano, muchas veces cambiante, ambivalente, contradictorio y hasta irracional.

Los principios de la teoría cuántica hoy indican que la realidad observada se modifica según el observador, un hecho que expresó el taoísmo chino cinco mil años antes. La escritura portavoz del dolor social colectivo, es incapaz de aceptar, aunque sea aterrador, que los enemigos que nos provocan dolor los llevamos dentro.

Llamémoslo a partir de ahora al escritor o escritora del dolor social, eds. Y hay más. Como el activismo de los eds se circunscribe exclusivamente al dolor de la clase que representa, pasará por alto otras realidades sociales de enorme magnitud como el desarrollo de la ingeniería genética, y su consecuente manipulación, o las identidades en movimientos en la era digital, donde las posiciones dentro o fuera del sistema, se vuelven inciertas.

¿Tiene un escritor derecho a pensar y a sentir sobre nosotros? Como poeta, cronista, periodista o novelista, colgarse el cartel de luchador, juez y hasta redentor de algunos conflictos sociales, puede ser también una forma de arrogancia, de superioridad moral.

La sobreexplotación del dolor humano simplemente es mala literatura, sin contraste ni profundidad de campo. Los eds están más cerca de los activistas sociales que de la literatura que explora la sombría condición humana con la luz honesta de la duda. No les basta expresar su activismo en sus novelas o poemas, lo hacen en conferencias, congresos de escritores, o twiteando mensajes. Incluso llegan a lacerar su propio cuerpo como muestra de consecuencia con el dolor. Es decir, sufrientes en 360 grados.

Y hay más, tal vez lo más indigno, de tanto martillar el mismo clavo, los eds llegan a convertirse en profesionales del dolor. Dicho de otra forma, se hacen inmunes al dolor, porque el dolor no es una profesión.

En todos los países y culturas existen eds. Aventuro una hipótesis, tal vez en latam, mi continente originario, gozan de mejor salud que en otras culturas. ¿Es la herencia de una ideología católica o política que hace del dolor humano su razón de ser?

Latinoamérica ofrece al mundo la imagen de un continente sufriente. Los eds llegan a cultivar esta imagen como una marca. La escritura del dolor social de latam ha llegado a convertirse en un producto de exportación, que alimenta audiencias sufrientes, y estudios académicos culturales de los países del primer mundo, basados en el constructivismo crítico, culposos y paternales.

En este sentido las épicas más consideradas de latam fracasan. Neruda con su Canto General, nombrándose la voz de un continente oprimido, con su indiscutible genio verbal, adopta un revanchismo histórico por los oprimidos.

Parece ineficaz y afectado escribir magistrales versos magistrales con el dolor social extremo que se denuncia: la explotación, las guerras y los genocidios. Por suerte hay excepciones en latam que confirman esta regla de la épica basada en el dolor social. En Chile Tellier con un lenguaje simple nos traspasa un dolor más auténtico y conmovedor por un pasado rural en decadencia. O Nicanor Parra cuando escribe sobre la contradictoria y absurda realidad del individuo como dentro de una camisa de once varas. También existen poetas de otras generaciones con otros registros, como el poeta Marcelo Ríoseco con poemas metafísicos, ontológicos y de extrañeza cotidiana.

Pero esto es salirse un poco del tema. Volvamos al punto recordando que la sobre explotación del dolor es una posición imparcial, porque la alegría humana también existe, o su búsqueda. En la América del norte la gran épica social se manifestó en esa búsqueda. Aunque nos cueste reconocerlo a los escritores de latam, Walt Whitman creó un canto inclusivo y celebratorio de todos los cuerpos, razas y clases sociales. Hojas de hierba es la empatía hacia todo el género humano, la democracia fundacional americana, aunque ahora atraviese por su peor fase con el populismo de Trump.

No escribo este blog para hundir la cabeza en una felicidad tonta, espero haber sido claro. La celebración, el juego creativo, la exploración abierta sobre la condición humana, son esfuerzos, y a veces heroicos escritos, sobre el escenario innegable del dolor. Y por eso nos conmueven.

 

 

Santiago Elordi

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