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La huerta grande

«Arquitectura y moralidad», José Joaquín Bermúdez Olivares

29 abril, 2019

Quienes fueran jóvenes, como yo, allá por el lejano 1982, recordarán tal vez al grupo de synth pop británico que respondía al bonito nombre de Orchestral Manoeuvres in the Dark. Su LP publicado a finales del 81 se titulaba Architecture and Morality, remedando al libro publicado poco antes por David Watkin Moral and Architecture.

Pero yo no he venido (ya lo adivinarán ustedes) para hablar de música o arquitectura (que también) sino de mí libro ‹‹Los cuatro santos›› que La Huerta Grande presenta este mes de mayo, libro que cierra —por ahora—la trilogía ‹‹del medio siglo›› (1957/63). No se rían del ‹‹por ahora›› ya que una de mis trilogías favoritas, la del autoestopista galáctico de Douglas Adams tiene más de tres volúmenes. ‹‹Los cuatro santos›› es una novela crepuscular, cual corresponde al cierre de un esfuerzo continuado durante casi una década, que se centra en un episodio bien conocido de la historia cultural española de hace 65 años: la puesta a disposición pública y posterior catalogación del ‹‹legado Darío›› en manos de su viuda Francisca Sánchez en Navalasauz por parte de mis paisanos Carmen Conde (de cuyo ingreso en la RAE como primera mujer académica se cumplen 40 años) y su marido Antonio Oliver Belmás.

¿Y Rafael? Rafael está pensando en un acaso falso poeta chileno que, acaso, dejó una maleta olvidada en Ávila con papeles que podrían ser —o no— falsos. Rafael piensa en lo posible y lo probable, duda de todo y no halla cosa en que poner la vista que no sea recuerdo o anticipo de la muerte. Rafael Sánchez se despide de ustedes desde una Cartagena de bailes y procesiones, de calles nuevas y desmontes terrosos, de simples buenos y malos tontos (malos que acaban enterneciendo de puro tontos, como los hermanos Malasombra), de chicas de moral distraída y un rastro de hilos sueltos que tal vez el amable lector —si es que queda alguno— pueda tomar entre sus manos para seguir este laberinto moral y arquitectónico que puede acabar conduciendo a alguna calle de Madrid por ejemplo ¿por qué no? a la calle Gurtubay.

Hemos llevado a Rafael Sánchez, nuestro protagonista, desde Cuba (El último de Cuba, 2016) hasta Cartagena (Los cuatro santos, 2019) pasando por Suiza (El hombre de negro, 2017) pero ¿qué tiene que ver esto con arquitectura y moralidad? Pienso que mi forma de novelar se basa, precisamente, en esos conceptos. He intentado llevar a cabo la erección de un monumento (más duradero que el bronce) de traza cuasi catedralicia a base de una labor de taracea o damasquinado, de marquetería y orfebrería verbal, siguiendo planos —solo para mí evidentes— llenos de conexiones invisibles entre uno y otro libro, entre capítulos apartados o consecutivos, cuando no alternos; llenando de adornos barrocos hasta el último rincón disponible, en una especie de horror vacui, interiores de enrarecida atmósfera con olor a incienso pero también a nouvelle cuisine y a esencias y afeites.

Pero también llenos de reflexiones morales, de un cierto pujo trascendente, de información exhaustiva y literatura sapiencial (hasta acabar con la paciencia del santo Job). Esa moral se refleja en la reinterpretación de la rueda hegeliana tesis-antítesis-síntesis para hablar del mal, el bien o la incerteza sin tapujos, sin añadidos innecesarios y espurios, para acabar en un exterior condensado, sin concesiones sentimentaloides ni al divertimento fácil del lector —sí al humor inteligente—, un acabado algo arisco, ahora que recordamos el centenario de la Bauhaus.

Arquitectura y moralidad, arte, músicas, versos, sinestesia y metaliteratura con las que Rafael Sánchez se despide de ustedes ¿y el autor? ¿quién lo sabe? Poco importa, valió la pena.

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