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La huerta grande

Entrevista a José Joaquín Bermúdez Olivares en La Verdad de Murcia

José Joaquín Bermúdez se doctoró en Ciencias Químicas, en la especialidad de Bioquímica, porque desde muy joven sintió «una inclinación hacia la verdad objetiva». Y después de una larga carrera como investigador, que le llevó a publicar numerosos artículos en revistas científicas y componer comunicaciones para congresos, se atrevió con la literatura, otra de sus pasiones. Primero, imaginando relatos y un poemario aún inédito. Ahora, con la edición de su primera novela, ‘El último de Cuba’, donde propone el retrato social de una época apasionante. La obra será presentada el 11 de abril, a las 19.30, en Las Claras, y contará con la asistencia del prologuista Fernando Martínez Laínez y la editora y propietaria de La Huerta Grande, Philippine González-Camino

¿Cree que el dicho ‘Más se perdió en Cuba’ se podría aplicar a la política actual?

-Desde luego, los grandes temas son intemporales y Cuba está de plena actualidad en estos días. ¿Quién sabe si España tendrá un papel destacado en su normalización? Por otro lado, la pérdida de la isla fue un duro golpe sentimental, pues era una provincia española, como Barcelona o Ávila.

-¿Qué impulsa a un bioquímico a escribir este libro?

-Como escribo en la solapa de ‘El último de Cuba’, fue por la búsqueda de una verdad más alta, por encima incluso de la científica. Claro que dicha verdad ha de buscarla cada uno, y la (buena) literatura no es mal sitio para hacerlo.

-¿Qué encontrará el lector en las páginas de su obra?

-Un artefacto metaliterario, una habanera de ida y vuelta, una falsa biografía de un personaje real: el último obispo de la Cuba española. También el retrato social de una época apasionante (1851-1957), crímenes, espías, humor… y mucho más.

-¿Cómo o en qué se inspira?

-Obviamente leyendo, aunque la inspiración (como el Espíritu Santo) sopla donde y cuando quiere. De lo contrario sería muy fácil, siempre sabríamos donde encontrarla. En este caso hay un homenaje consciente a ‘Tres tristes tigres’ de Cabrera Infante.

-¿Qué personajes desfilan por las páginas de ‘El último de Cuba’?

-Santos como san Antonio María Claret o Ciriaco María Sancha; pecadores como Rafael Sánchez, escritores, espías, asesinos, periodistas… personajes reales, desde mi paisano Isaac Peral a Hemingway, Baroja o Alfonso XIII. Y, por supuesto, secundarios imprescindibles y a veces reconocibles.

-¿Qué otra producción literaria atesora?

-Es mi primera novela, gracias a la apuesta de la editorial La Huerta Grande. Creo que aprendí a escribir publicando artículos científicos en revistas internacionales, también en medios digitales, y mantuve un espacio -doctorjota.com- ya cerrado. Desde luego, tengo relatos y poemas inéditos… por el momento.

¿Qué influye en su literatura?

-Me alegro de que me haga esa pregunta. En el libro incluyo una ‘Sugerencia de ulteriores lectores’ para que el lector disfrute de gigantes que me han acompañado en esta andadura: desde Cabrera Infante al genial Nabokov. También me encantan Wodehouse, Saki, Evelyn Waugh… y ese famoso largo etcétera.

-¿Tiene entre manos algún otro proyecto?

-Estoy trabajando en la segunda parte de ‘El último de Cuba’, ya que el personaje de Rafael Sánchez está pensado para una trilogía, como una especie de detective cultural del siglo XX. Claro que su publicación dependerá del favor del público hacia este primer volumen.

-¡Pues suerte!

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